Posted by wvasquez

Por Padre Lorenzo Ato

En la Ordenación General del Misal Romano se recomienda que se haga una breve homilía con motivo de las exequias y en las misas de difuntos: “En la Misas exequiales se hará una breve homilía de circunstancias; pero se evitará cualquier género de panegírico. Se aconseja una homilía también en las demás Misas de difuntos con asistencia del pueblo” (Ordenación General del Misal Romano, n. 338). Es importante destacar la Palabra de Dios dentro de la misa exequial o en las diversas misas de difuntos. Es esa Palabra de Dios, como pan, la que debe alimentar la fe de los creyentes que participan de la celebración. Es importante también destacar la recomendación de evitar los panegíricos, es decir, los elogios a la figura del difunto exaltando supuestas virtudes heroicas. Por otra parte, también existe, en algunos sectores, la costumbre de familiares y amigos de hacer elogios al difunto después de la misa, lo cual igualmente debe ser evitado. La misa no es el momento oportuno para hablar del difunto, de sus vicios o virtudes, sino del sentido y significado de la esperanza cristiana, se trata de animar la fe sobre todo de quienes en esos momentos viven una crisis por la pérdida de un ser querido. La celebración de las exequias y misas de difuntos debe ser bastante sobria, quitando todo elemento accesorio o signos que no contribuyen a resaltar el sentido pascual de la muerte.

La homilía, con motivo de las exequias o en las misas de difuntos, no deberá ser algo improvisado. No debe convertirse en una reprimenda a los fieles que no se acercan a la Iglesia más que en esas ocasiones. No es el momento para las exhortaciones moralistas, sino para dar consuelo y esperanza, para iluminar, a la luz de la fe en la resurrección, el misterio de la muerte. Tampoco deberá ser la misma homilía que se repite en todas las celebraciones exequiales, es necesario exponer distintos aspectos del misterio pascual, variando los textos según las posibilidades que da la misma liturgia. El sacerdote deberá tener sumo cuidado en la celebración, en sus gestos, actitudes y palabras. No hay que olvidar que la celebración litúrgica bien preparada cumple también un fin evangelizador en sí misma. La homilía, desde luego, debe ser breve sin menguar su profundidad.

En el ritual de exequias se destaca la importancia de la homilía en la celebración exequial, siempre y cuando conserve su verdadero carácter, es decir, que la homilía conduzca a los fieles a una plena participación en la celebración, iluminándolos, con la Palabra de Dios, sobre el misterio de la muerte y la esperanza cristiana en la resurrección. Es importante insistir que no se debe desvirtuar el sentido de la homilía, esta debe centrarse en la explicación de los textos bíblicos o litúrgicos. Por circunstancias particulares o motivos pastorales quizá no siempre sea recomendable la celebración de la eucaristía en el contexto de las exequias, pero aún así el sacerdote, por caridad pastoral, no debe negar a los deudos la celebración exequial sin misa, en la cual se destaque la Palabra de Dios proclamada y explicada en una breve homilía o reflexión.

Sean cuales sean las lecturas escogidas para la celebración de las exequias, con o sin misa, la homilía siempre debe proclamar el carácter pascual de la muerte del cristiano, su relación con el misterio bautismal (Rm 6, 3-5), su vinculación con la muerte y resurrección de Cristo. “La homilía que excluyera completamente este aspecto kerigmático fundamental, dejaría de lado lo esencial, pues no manifestaría la presencia actual del Señor resucitado en el drama humano de la muerte.” (Tissier, Marcel: La homilía en los funerales, en revista Selecciones de Teologia, n. 41, 1972). La homilía de los funerales, dice M. Tissier, “deberá caracterizarse también por la preocupación de enseñar. Y más aún actualmente en que, cuando se trata del misterio de la muerte, del juicio y de la resurrección de los muertos, del cielo, del infierno o del purgatorio, tanto los fieles practicantes como los otros tienen necesidad de una catequesis.” No hay que olvidar que en ocasión de la celebración de una misa exequial, o en otras misas de difuntos, acuden muchos familiares y amigos que no están muy habituados a participar de la misa dominical y otras celebraciones litúrgicas. Es una ocasión propicia para acercarlos a la Palabra de Dios y así estén mejor preparados, a dar respuesta desde la fe, debido a la separación temporal y terrenal de un ser querido. No hay duda, pues, que la homilía, en ocasión de los funerales, resulta un momento privilegiado para la evangelización, una ocasión propicia para dar respuesta, a partir de la fe, a los interrogantes más cruciales del hombre: sobre el sentido de la vida y el sentido de la muerte. Creemos pues, que hay sobradas razones para no desaprovechar esas ocasiones para el anuncio de la Buena Nueva que nos ha traído Jesús a través de su ministerio de evangelización.


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